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"Sigo contemplando al Faraón Negro.
Y tiene un mensaje para usted.
¿Le gustaría escucharlo?"


Este artículo contiene SPOILERS.

No sigas adelante si prefieres descubir la historia por tu cuenta.

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El relato "Vulthoom" ha sido publicado en este libro.

Vulthoom es un relato del escritor norteamericano Clark Ashton Smith, publicado en el número de septiembre de 1935 de la revista Weird Tales, el cual que gira en torno al mundo subterraneo de Ravermos, en las entrañas del planeta Marte.

Hay que matizar que Vulthoom es el nombre de un dios maligno de las creencias marcianas, similar a Satán. Y lo que ocurre es que tal como se narra en esta aventura, es como los marcianos o aihais llaman a una entidad extraterrestre, a la que llevados por sus creencias identifican con el dios maligno Vulthoom.

La llegada a MarteEditar

La aventura comienza cuando Haynes, tercer piloto ayudante de un crucero estelar; y Chandler, escritor profesional de ficción interplanetaria, llegan a Marte, por distintos motivos. Haynes por razones de índole personal (mas que nada) ha sido acusado de insubordinación por sus superiores, y su salario de un mes es devorado por los precios desorbitados del Tellurian Hotel. Y Chandler porque busca fortalecer su capacidad imaginativa, observando la vida marciana sobre el terreno. Estos dos personajes principales proceden de la Tierra. Y el protagonista como es natural, es Vulthoom.

Por fin llegan a Ignar Luth, la moderna ciudad marciana donde se hallan los consulados, las oficinas de exportaciones y los hoteles.

Era la hora marciana de veneración, cuando los Aihais se reúnen en sus templos sin techo a implorar el regreso del pasante Sol. Como los latidos de febriles pulsos metálicos, el sonido de innumerables batintines incesantes atravesaba el delgado aire. Las calles, increíblemente retorcidas, estaban casi vacías, y sólo unas pocas barcazas, con inmensas velas romboidales de color malva y escarlata, iban de aquí para allá sobre las aguas, profundamente verdes. La luz desaparecía con visible velocidad detrás de las torres pesadas y las pagodas con forma de pirámide de Ignar-Luth.

La relación entre Marte y la Tierra es de índole comercial, ya que aunque los habitantes de Marte son amistosos a su manera, existe un abismo evolutivo imposible de salvar, dada la inextricable antigüedad de la ciencia, el arte y de toda la cultura marciana. Por lo tanto, no existe un intercambio real de ideas.Al cruzar un puente custodiado por diez colosales estatuas de héroes marcianos se encuentran con un aihai de inusual estatura que surge de la penumbra.

–Mi amo les convoca –vociferó el coloso–. Su situación es conocida por él. Les ayudará generosamente a cambio de cierta colaboración que ustedes le pueden brindar. Vengan conmigo.

En las cavernas de RavermosEditar

–¿Qué supones que es este lugar? –murmuró Chanler–. Debemos estar a varias millas por debajo de la superficie. Nunca escuché de nada así, excepto en algunos de los viejos mitos Aihai. Este lugar debe ser Ravermos, el mundo subterráneo de Marte, donde se supone que Vulthoom, el dios maligno, duerme por mil años en medio de sus adoradores.

Asi, tras un largo descenso a través del subsuelo, salen del elevador y toman rumbo por un pasillo, hacia la cámara de audiencias, donde les conduce el colosal aihai. A todo esto, Chandler y Haynes se hallan demudados mas alla de toda medida, contemplando todo un asombroso e inesperado mundo subterrano de cavernas. Y se pierden en conjeturas...

–Debe haber alguna clase de broma en esto –murmuró Haines–. Escuché sobre Vulthoom, también, pero es una simple superstición, como Satanás. Los marcianos modernos no creen en él en estos días, aunque escuché que todavía hay una especie de culto demoníaco entre los parias y las castas bajas.

Son conducidos a lo largo de un corredor con techo en arco, inundado por una luz carmesí, que procede de unas semiesferas de metal que brillan como soles aprisionados. Queda explicado que es una luz similar a la solar, pero con una longitud de onda inferior a la de los rayos cósmicos. Por fin el aihai se detiene ante las puertas de una cámara recortada en la roca básica adamantina.

La cámara era pequeña pero amplia, con el techo elevado como el interior de una aguja. Los muros y el piso estaban teñidos por la luz de los rayos violeta de una única semiesfera arriba, muy lejos, en el domo estrecho. El lugar estaba vacío, y sólo amueblado con un curioso trípode de metal negro, fijo en el centro del piso. Contenía un bloque oval de cristal y desde él, como desde un pozo helado, se levantó una flor helada, abriendo sus pétalos de suave marfil que se tiñeron con la extraña luz. Bloque, flor y trípode parecían partes de una pieza de escultura.

Y entonces resuena una voz dulce y poderosa a un tiempo...

–Yo, quien habla, soy la entidad conocida como Vulthoom –dijo la voz–. No se sorprendan, ni se atemoricen: es mi deseo ser amistoso con ustedes a cambio de la consideración que, espero, no encontrarán imposible. Antes de nada, de todos modos, debo explicar ciertos asuntos que les dejarán perplejos. No dudo que habrán escuchado las leyendas populares que me conciernen, y las habrán despreciado como simples supersticiones. Como todos los mitos, son parcialmente verdad y parcialmente falsedad. No soy ni dios ni demonio, sino un ser que llegó a Marte desde otro Universo en antiguos ciclos. Aunque no soy inmortal, el periodo de mi vida es mucho más largo que el de las criaturas evolucionadas en los mundos de su sistema solar. Estoy gobernado por leyes biológicas extrañas, con periodos alternados de sopor y vigilia que duran siglos. Es virtualmente cierto, como creen los Aihai, que duermo por mil años y que permanezco consciente por otros mil.

Asi es como se define el ser alienígena al que los aihai llaman Vulthoom. La suerte esta echada. En esencia, este ser de extraña y muy singular apariencia vegetal, les propone que les dará una cuantiosa suma de dinero para que vuelvan a la superficie, a la vez les hará partícipes de las inenarrables delicias del perfume exquisito, indescriptible y alucinógeno de sus flores; su efecto embriagador les llevará a tal éxtasis que se volverán sus acólitos. El ser llamado Vulthoom quiere abandonar Marte en una nave espacial, que se está construyendo para tal efecto; dado que considera a Marte un planeta moribundo... y su próximo destino elegido es la Tierra. Pero no quiere pasar de nuevo por la experiencia de hostilidad o desconfianza que tuvo al principio con los marcianos: quiere que en la Tierra sea distinto. Para ello opta por enviar a los dos terráqueos como emisarios suyos, para que preparen un recibimiento sin resistencia dado todo lo que Vulthoom puede ofrecer: riquezas en forma de piedras preciosas y las delicias inefables del paraíso que ofrecen sus flores alucinógenas. De lo contrario, Chandler y Haynes, lamenta decir, que no podrán volver a la superficie de Marte y menos a la Tierra.

El gas del sueño de los 1000 añosEditar

Por designio de Vulthoom, los terráqueos quedan opcionalmente a merced de un guía aihai conocido como Ta-Vho-Shai; Chandler y Haynes deciden aceptar para que les muestre las distintas estancias y laboratorios en la red de cavernas. Aparte de la actividad de aihais de anormal estatura, que ya habían constatado antes, comprueban cómo la tecnología y ciencia superior de Vulthoom le ha permitido traspasar la barrera del espectro sonoro audible, permitiéndole convocar a fuerzas invisibles que desempeñan tareas al modo de los efrits o genios, sometidos a causa de su ciencia. Y lo más importante: llegan a una estancia donde observan la existencia de unas botellas de la altura media de un hombre, que contienen una misteriosa sustancia gaseosa. En efecto, tal como explica Ta-Vho-Shai, es el gas del sueño de los mil años. Este gas se surte a todo el laberinto subterraneo, provocando el sueño milenario de Vulthoom y el de sus acólitos.

Por otro lado, su guía hace referencia a la existencia de un antiquísimo lecho fluvial que como es lógico está seco y que se extiende hasta la superficie. Los dos terráqueos, tras deliberar, comprenden que no deben ceder a las proposiciones de Vulthoom, ya que eso supone indefectiblemente una conquista a gran escala de los mundos inteligentes del sistema Solar, aparte de que introduciría en la Tierra un alucinógeno de potencia inimaginable. Tras retirarse a dormir y despedir al guía, ven claro que la única alternativa para intentar eludir a Vulthoom es evadirse por medio del cauce seco subterráneo. Y así lo hacen, pero tras andar un trecho resuena la dulce voz de Vulthoom con un leve tono de reproche.

–Regresen por donde vinieron, terrícolas. Nadie puede dejar Ravermos sin mi conocimiento o contra mi voluntad. ¡Observen! He enviado a mis Guardianes a escoltarlos.

El aire leve había estado aparentemente vacío, y el lecho del río estaba poblado sólo por las masas grotescas y las sombras bajas de las rocas. Ahora, al cesar la voz, Haines y Chanler vieron, delante de ellos y a unos diez pies de distancia, la aparición instantánea de dos criaturas que no eran comparables a nada en toda la zoología de Marte ni de la Tierra.

Chandler es capturado y sometido a tortura, sin éxito. Pero Haynes, tras romper por su base el tallo de un hongo petrificado que encuentra en el cauce subterráneo, concibe como última y única solución romper las botellas del gas del sueño para dar a la Tierra y a los demás mundos un nuevo plazo de 1000 años. Y resonó la voz de Vulthoom...

–Ha vencido por el momento, pero no le guardo rencor. Maldigo mi propia falta de cuidado.

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