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Página del relato

Este relato de Henry Kuttner apareció en Strange Stories en abril de 1939, bajo el pseudónimo de Keith Hammond.

Las campanas perdidasEditar

No era raro que la gente preguntase por qué fueron rotas casi de inmediato, al ser descubiertas tras ciento cincuenta años. No solo rotas, sino enterradas. El hecho histórico que se conocía, es que fueron enterradas por Junipero Serra en 1775; el hallazgo fue posible gracias a una cruz de madera, con una inscipción que sirvió de pista, y que decía: "Que ningún hombre cuelgue las campanas malditas de los mutsunes que aquí están ocultas, pues, si lo hiciera el terror de la noche se abatirá de nuevo sobre Nueva California". Se decía que los chamanes habían echado un sortilegio sobre ellas.

También se halló un fragmento de pergamino en el interior de un cilindro, con el pasaje siguiente: "En este veintiuno de junio, por la gracia de Dios, el ataque de los paganos mutsunes ha sido rechazado, y las campanas fundidas hace un mes han sido enterradas en una garganta secreta, cuya entrada ha sido cerrada". Seguía diciendo entre otras cosas: "Los indios tuvieron tiempo para efectuar su diabólica brujería y, cuando colgamos y luego hicimos sonar las campanas, el demonio maléfico al que los mutsunes llaman Zu-che-quon escuchó la llamada desde su residencia en las montañas y respondió arrojando sobre nosotros, la noche negra y la muerte helada".

El Cañón del CoyoteEditar

Es testigo presencial de la trama es el Secretario de la Sociedad Histórica de California, que recibe, ante el hallazgo, la llamada telefónica de Arthur Todd, presidente de la sociedad... el descubrimiento más importante... ¡desde la Piedra de Rossetta!, dice.

Era preciso ir a la misión de san Javier a ciento cincuenta kilómetros de Los Ángeles, para dirigirse desde allí a la gruta. La ruta discurria adentrándose por el Cañón del Coyote. Pero el guía, que se hallaba extrañamente palido, no quiso volver al campamento de Todd a causa de la oscuridad y de la oscuridad que reinaba en la gruta.

Fue necesario seguir las indicaciones del guía renuente, para llegar a la gruta; y aunque el alba había despuntado, al adentrarse en la senda del cañón, apenas había claridad. No es que el cielo estuviera cubierto, estaba oscuro... con una atmósfera opresiva como cuando se avecina una tormenta de polvo, bajo un cielo sin nubes y con mucho frío... Un letargo opresivo se abatía sobre las facultades mentales. En el trayecto, un sapo gordo y gris estaba sobre una roca frotándose la cuenca vacia de un globo ocular sobre la aspereza de la piedra. En apariencia, se había cegado a propio intento, frotando los ojos contra la piedra.

Era arrebatador y persistente el impulso que tuvo Ross de taladrarse los ojos con los propios dedos, dominado por una sensación insoportable de quemazón y prurito al nivel de los ojos... Esta sensación y frotación de los ojos persistía desde que Ross entró en el cañón.

La tercera campanaEditar

Tras encontrarse con Todd, este confirma que con la ayuda de Denton, su ayudante, han desenterrado la campana que faltaba, y ahora era el momento de volver a colgarlas. Asi, las campanas perdidas de San Javier volvieron a alzarse sobre un cielo mate. Estaban silenciosas, pues no tenían badajos.

Considerando la secuencia de hechos ocurridos que incluían la irritación ocular, la inusual oscuridad, sumada a la locura de dos mexicanos era posible atribuirlo a la acción de un hongo microscópico presente en la gruta, pero algo hizo que la discusión al respecto de la causa no se diera por concluida. Por lo que Denton fue incluso a la Huntington Library para consultar la traducción prohibida que Johann Negus hizo de El Libro de Iod.

"Nunca sobre ellos brilla el astro de nuestros cielos/Pues la noche eterna es el premio de esos desafortunados". A lo que replicó Todd: No espero que Plutón salga del Tártaro si hacemos sonar las campanas. Estamos en el siglo veinte.

Infierno de caos y destrucciónEditar

¡Clang-g-g!... Una campana resonó, pesada y amenazadora, con una nota sorprendentemente grave. Ross la percibió con todas sus terminaciones nerviosas. La segunda nota fue aun más grave, produciendo un terrible dolor de cabeza. El fantástico concierto podía imaginarse salido de la garganta de un dios o de las cuerdas del corazón del ángel negro Israfel... y todo de repente se volvió más oscuro. La oscuridad se extendia sobre san Javier y el brillante color azul del Pacífico se transformaba en un gris mate... incluso en una fría negrura. ¡Clang-g-g!

La tierra temblaba y las tinieblas se extendían... ¡Las campanas! ¡Tenemos que hacerlas callar!

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Página del relato en Strange Stories

El eclipseEditar

Dos meses después de lo que pasó en San Javier se produjo un eclipse. Empezó a las 14 horas y 17 minutos, y Ross sentía un furioso deseo de rascarse al nivel de los ojos. ¿Qué abominaciones cósmicas pueden ser llamadas, mediante sortilegios (y sonidos), de la noche de los tiempos?

Ross recibió una llamada de auxilio de Todd desde su apartamento. A las potencias demoníacas de antaño les ha costado encontrar el sueño. Ross no supo lo que pasó con exactitud en el apartamento de Todd... solo el teléfono colgando y una pistola vacía junto al cuerpo. Ross miraba aterrorizado las dos órbitas vacías que lo miraban desde aquella cara torturada por el sufrimiento... y los pulgares ensangentados de Arthur Todd.

Algunas portadas de Strange StoriesEditar

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