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Relato aleccionador de Robert M. Price, donde Eibon de Mhu Thulan (una vez más), comparte sus vastos conocimientos, adquiridos no sin fuertes impresiones; se nos advierte del precio disuasorio de la inmortalidad (don privativo de los dioses).

Bestezuelas inmundas y execrados pergaminosEditar

Durante los primeros frutos de los tanteos en las cosas de la magia, Eibon cae en la imprudencia de creerse capaz de las más audaces maravillas, con tal de hallar o improvisar la técnica idónea. Sin miedo a echar una mera ojeada más allá del velo, no olvida los prodigios fabulosos realizados por los antiguos magos; y cómo estos magos audaces y sus hechos se ven condenados al ostracismo por los pusilámines, paralizados por el precio que conlleva traspasar el velo de lo ilusorio.

Al margen de tales prejuicios y aún sabiendo que debe recurrir a los execrados pergaminos, escritos con sangre y tinta por los mismísimos demonios, no rehusa pagar una cuota horrible de confesar, al tener que pactar con ciertas bestezuelas inmundas que los custodian. Eibon se expone a toparse con las nauseabundas blasfemias plasmadas en la obscenidad que de conoce como Los rituales negros, obra del despreciable y pertubador taumaturgo de los antigios días de Acheron, Koth-Serapis. Se comentaba en los círculos de adeptos inferiores que el impío Koth-Serapis siempre se las ingenió para burlar el decisivo encuentro con la muerte.

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Paraje de Sri Lanka

La lejana isla de SerendipEditar

La cuestión era entrar en contacto o comunicación con Koth-Serapis, como via más segura de conocimiento, aunque eso implicaba recurrir a los muertos, y más en concreto a un muerto: alguien que ya hubiese fenecido y que al mismo tiempo supiese el destino ultramundado de Koth-Serapis. Tras estimar este problema, Eibon considera la isla de Serendip como el lugar mas probable para hallar a su fúnebre informador. Esta isla remota era una de las últimas porciones emergidas que habían quedado de la antigua Lemuria, lugar donde los prehumanos Reyes Dragones gobernaron antes de ser derrotados por Mahathongoya, según se describe en las paginas venerables de los Majapuranas y los Upapuranas. El objetivo no era otro que hallar las ruinas de la tumba de Sarajsha de Zaar, el mago más extraordinario de la era Precataclismica.

Así pues, se embarcó en un buque de esclavos, que se dirigía desde un puerto meridional de la Atlántida rumbo a Oriente. Fue oportuno atraer hacia la superficie, en las horas sin luz de la Luna Nueva, a algunos de los escamosos Hijos de Dagon. Por este medio fue posible saber que el templo de Sarajsha continuaba en pie, y cuál era el camino mas seguro para acceder a él.

El santuario en ruinasEditar

El camino hasta el santuario, acompañado por algunos porteadores de piel oscura, no fue cómodo dado el desacostumbrado calor propio de una jungla exuberante como aquella. De gran utilidad se reveló un hechizo aprendido entre los enanos de Hiperbórea, los cuales han de pasar considerable tiempo entre los magmáticos fuegos subterráneos, para poder forjar espadas ceremoniales con runas inscritas. Para seguir el curso indicado por los escamosos Hijos de Dagon, fue preciso indicar a los porteadores que se desviaran de la ruta usual, lo cual no les gustó nada, ya que el camino indicado se hallaba vedado por un espeluznante tabú. A pesar de que Eibon les ofreció garantías de protección, los porteadores consideraron que la mejor garantía era no moverse del sitio y esperarlo tranquilamente. Una lógica supersticiosa aunque solida, que resultó irrebatible.

La Gran Invocación NecrománticaEditar

Aunque no parecía necesaria ceremonia alguna, dada la intensa presencia sobrenatural, Eibon optó por observar el antiguo protocolo, con el trípode de bronce y la ofrenda de incienso. Al entonar la Gran Invocación Necromántica y aspirar profundamente el humo oracular, todo y uno fue perder la nocion del tiempo y sentir una presencia que resplandecia con un extraño y difuso halo luminoso. Una aparición apabullante que instó a Eibon a responder, tras inquirir por qué había interrumpido su descanso. Tras caer de rodillas ante la sobrecogedora aparición y rogar ser escuchado, dado que había recorrido una gran distancia, recibió como respuesta de la aparición que su distancia recorrida era aún mayor. No dudó un segundo en pedir perdón por tal atrevimiento y suplicar cómo poder encontrar al inmortal Koth-Serapis. Por lo que fue advertido de forma gratuita, ya que el suyo es un camino que una mente sana no debe recorrer. Y aparte de eso, y por si mas gente se sintiera interesada, no estaría de mas, consideró la presencia de ultratumba, revelar la verdad del paradero de Koth-Serapis.

El terrorífico Valle de PnathEditar

Este era el destino desvelado por Sarajsha, destino que Eibon no frecuentaba desde el inicio de su andadura como mago. Tras los preparativos de rigor, hubo de salir de su envoltura carnal. Tras traspasar el velo de la apariencia sensible, una mirada a la escalera del piso de su cámara, reveló la escalera de siete mil peldaños de ónice que conduce al reino subterráneo de Dendo. Así pudo abrirse paso hasta que vio extenderse la funesta vastedad del valle de Pnath, hasta el pozo que había sugerido Sarajsha de forma críptica. El lugar conocido por algunas leyendas execradas como el Abismo de Noth. Entre cambiantes vapores infrarrojos, se extendia muy por debajo, la arruinada necrópolis de Nug-Hathoth; de la cual los antiguos maestros no dejaron reseña de nada sano. Habia que sortear el fatídico peligro del Viento Negro cuyo acción aumentaba a cierta hora con la apertura de las Madrigeras Inferiores. Lo cual trajo a oídos de Eibon los terribles gruñidos de los dholes en su ciego avance hacia sus festines necrófagos. Sin previo aviso se elevó una chorreante columna de viscosa inmundicia: el titán de los osarios, babeando atroces venenos.

Espeluznante sorpresa, oírlo hablar con acento humano y no menos incómodo el hecho de que expresara su intención de digerirlo, ante lo cual Eibon comunica que no se dispone a deglutir el ectoplasma de un muerto, sino un cuerpo astral. Porque en realidad va a la búsqueda del inmortal mago Koth-Serapis. "¿Por casualidad sabeis algo acerca de él?, oh Cavador de las Profundidades."

Y la verdad fue revelada, pues este titán de los osarios manifestó el modo en que un mago capaz de mantener su pura conciencia en el trance de la muerte puede abrazarse a la vida, doblegando a su voluntad a las larvas sin cerebro e instruyendo al gusano que roe hasta encontrarse renacido en una nueva y desacostumbrada encarnación.

CuriosidadesEditar

Serendip era el nombre árabe de la isla de Ceilán, la actual Sri Lanka.

Mahathongoya es Thongor de Valkarth, personaje creado por Lin Carter y continuado por Robert M. Price, en su aspecto de Sark divinizado.

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