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Este artículo contiene SPOILERS.

No sigas adelante si prefieres descubir la historia por tu cuenta.

Weird Tales septiembre 1925

Portada del número de septiembre de 1925 de la revista Weird Tales, donde se publicó El Templo.

El Templo (en inglés The Temple) es un relato de terror del escritor norteamericano Howard Phillips Lovecraft, escrito en 1920 y publicado en septiembre de 1925. Fue la primera historia de Lovecraft en ser publicada en Weird Tales.

Estilo Editar

Así como sucede en la trama de Dagón, El Templo es una narración náutica, sobre una ciudad subacuática habitada por extraños seres, que luego serán recurrentes en posteriores historias de Lovecraft.

Argumento Editar

El Templo es narrado en forma de cuaderno de bitácora encontrado, escrito por Karl Heinrich, Graf von Altberg-Ehrenstein, un teniente-comandante de la Marina Imperial Alemana, al mando del submarino U-29, durante los días de la Primera Guerra Mundial. Este documenta su final en el fondo del océano.

Altberg comienza por declarar que ha decidido documentar los acontecimientos que anteceden a su hora final con el fin de "establecer ciertos hechos" ante el público, consciente de que no sobrevivirá para hacerlo por sí mismo.

El cuaderno de bitácora narra los acontecimientos de junio de 1917 a agosto de 1917 en el Atlántico Norte, después de hundir el SS Victory, un carguero británico. Como colofón, el cruel y arrogante Altberg ordenó hundir los botes salvavidas con la tripulación superviviente, para luego ordenar la inmersión. Al poco tiempo fue hallado el cadáver de un miembro de la tripulación de la nave hundida, el cual murió agarrándose a la barandilla exterior del submarino. Una inspección del cuerpo reveló una extraña pieza de marfil tallado. Debido a su aparente antigüedad y valor, uno de los oficiales de Altberg se quedó con el objeto, y poco después comenzaron a ocurrir fenómenos extraños, como la aparición del muerto aparentemente nadando en lugar de hundiéndose.

Una corriente oceánica desconocida tiró del submarino hacia el sur, y varios miembros de la tripulación empezaron a sufrir repentinos brotes de fatiga severa e inquietantes pesadillas. Uno de ellos afirmó incluso haber visto los cadáveres de los tripulantes del carguero británico mirándole a través de los ojos de buey del U-boot. Altberg lo azotó brutalmente, rechazando las súplicas de algunos de sus hombres por deshacerse del objeto de marfil. Al final, Altberg recurrió a la ejecución de un par de ellos cuando quedó claro que se habían vuelto locos por el miedo, con el objetivo de mantener la disciplina.

A continuación, una misteriosa explosión dañó irreparablemente los motores del U-boot, dejándolos sin la capacidad de navegar, pero sí la de inmersión y emerger. Después se encontraron con un buque de guerra estadounidense y varios de los aterrorizados marineros imploran a Altberg que se rindiera, pero en su lugar, Altberg asesinó a estos "traidores". Más tarde, el submarino se tuvo que batir con las olas de una tormenta y Altberg ordenó inmersión. Ya no volverá a ver la superficie, pues sus tanques de lastre no podrán vaciarse, dejando al submarino siendo tirado hacia el sur sin resistencia, mientras se hundía cada vez más en el océano.

Con las baterías del U-boot en mínimos y sin posibilidad de rescate, los seis tripulantes restantes, delirantes, intentaron un motín, incapacitando con éxito el U-boot al destruir varios instrumentos vitales mientras que deliberan sobre sobre la maldición del talismán de marfil, pero todos fueron asesinados por el implacable Altberg. El único compañero de este, el teniente Klenze, se fue volviendo cada vez más inestable y paranoico. Seguros de su destino, los dos pasan el tiempo en su tumba a la deriva, barriendo con el poderoso reflector del submarino el abismo, observando que los delfines les seguían a profundidades y por longitudes inauditas.

Poco después, Klenze se vuelve completamente loco, afirmando que "¡Él está llamando, está llamando!". Incapaz de calmar a su compañero, y mucho menos con ganas de unirse a él en su suicidio, Altberg accedió a operar la esclusa, agradecido de enviar a Klenze a una muerte segura por la presión aplastante de las profundidades. Altberg, por fin solo, vagó un par de días más antes de que su submarino aterrizase en el fondo del océano, donde se sorprendió al ver los restos hundidos de una antigua ciudad, deduciendo que eran las ruinas de la Atlántida.

Superado por la emoción, Altberg se puso un traje de buceo profundo y exploró la impresionante e indescriptible belleza de la ciudad en ruinas, descubriendo un misterioso templo rocoso en cuyo interior se reproducía la imagen de la talla de marfil. Pasará los siguientes dos días en la oscuridad, todo lo que duraron las últimas reservas de energía y aire del submarino. Al final, reconoce que incluso con su poderosa "voluntad alemana", ya no puede resistir las visiones y las alucinaciones auditivas, ni su impulso inspirado por la locura de abandonar su U-boot y entrar en el templo, ahora iluminado por lo que parece ser una llama de altar parpadeante. Deslizándose en su traje de buceo, libera su manuscrito sellado en una botella (que más tarde será encontrada en la costa de Yucatán), y camina voluntariamente a su muerte.

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